lunes, 30 de noviembre de 2009

otaniburila I

Ésta es una historia que parte de lejos; pero más que una historia verdadera es un hecho mínimo,
que se agote quizás antes de haber acabado de contarla: por consiguiente la daré un poco largas.
Algunas historias mínimas tienen el poder de reaflorar, también a distancia de años, periódicamente; eso ocurre de manera natural, sin esfuerzos, y por variados motivos;
y esta me parece una razón suficiente para considerarles historias y no simples episodios insignificantes; o, si son insignificantes, entonces lo es toda nuestra jodida existencia, por toda su duración.
Bien, no hace muchos días, durante una llamada con mi amigo (y opinion líder, osaría decir, entre las otras cosas, SuperG), versante, además, sobre la posibilidad de administrarnos un blog entre nosotros dos, ha propuesto una serie de nombres potenciales para bautizar esta nueva criatura, deshuesando de ello una secuencia entre la que se desprendió otaniburila (no haré públicas las otras, respetando su propiedad intelectual).
Y es aquí que emerge, inesperado; pero, como cada vez que sucede, te das cuenta que siempre estuvo allí; desde casi cuarenta años.

(continua)

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