viernes, 22 de enero de 2010

Tonto por instinto

(Por SuperG, nuestro Hombre en Milan)

En un reciente cambio de comentarios desarrollado en FetidBook sobre un estado mío se dijo:


El problema es que, si uno es tonto, siendo precisamente tonto, no se da cuenta de ser tonto. Y si también intentas hacerle entender, siendo tonto, no lo entiende.


me ha hecho volver a la mente un episodio ocurrido en un período que no logro situar con precisión.

Sobre el por qué y el como ciertos acontecimientos vuelven a flote cuando menos se esperan ya ha discutido con la usual facundia(?) mi socio Milo: inútil por lo tanto que intente hacerlo yo, de nuevo y peor, y lo linkeo. El hecho ha ocurrido al menos hace treinta años. De seguro ya habia terminado - con óptimo resultado, debe ser dicho - el jardin de infantes (una de mis mejores performance escolares, además).

Primera hora de la tarde de un día cualquiera, estaba en la parada del tranvía en espera que lo mismo apareciera de tras la curva y mientras tanto engañaba (la espera, claramente, no la curva) serenamente leyendo un periódico.

Estoy allí de un puñado de minutos y la pequeña muchedumbre en espera del tranvía, hasta aquel momento sólo constituido por mí, se enriquece con una unidad. Un señor distinguido, de modos educados, de edad probablemente aproximada entre los 65 y los 70 años.
Lo observo por instinto de sobre el periódico y veo que, distinguido, me observa a su vez. Después de poco se acerca:


Señor distinguido: perdon

Yo: diga

S.d.: sienta, yo soy un poco tonto. He mandado mi perro a oxigenarse a Saint Moritz. ¿He hecho bien?

Por instinto me miro alrededor para averiguar si hay telecámaras escondidas. Nada por decenas de metros.
Sólo el cartel con el recorrido del tranvía y el Señor Distinguido.
No sé que contestar, mandarlo a cagar me parece feo y me viene una banalidad como:
Y. beh, en Saint Moritz efectivamente el aire es bueno, mal no le va a hacer
No parece convencido y tampoco yo lo estoy. Yo, además, estoy pasmado.

Cuando he aquí, que del todo naturalmente, sin estímulos directos de parte del sistema nervioso central, así, como si fuera la cosa más obvia, añado:
Y: ciertamente, depende si el perro sabe esquiar. De otro modo habria estado mejor Loano.
Me mira a medias con una mirada entre el pasmado y el convencido.
Probablemente hubieramos podido convertirnos en buenos amigos - las bases estaban - pero mientras tanto el tranvía llegò, subì y de la ventanilla le hago una seña como a decirle "saludos", mientras él, el Señor Distinguido, atraviesa la calle pensativamente y claramente no satisfecho, imagino directo a otra parada de tranvía para dirigir a otros la misma pregunta.
La duda, todavía hoy, es: ¿soy yo que he tomado el pelo a él o él que ha tomado el pelo a mi?

PS. sé que parece un chiste, pero es rigurosamente todo verdadero, lo juro

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